jueves, 13 de agosto de 2009

Un día sin caratula ni etiqueta

“Son cosas que pasan, hija. ¿Qué podés hacer?, hubiera dicho mi mamá si antes de escribir esto le habría comentado sobre ese sinfín de pensamientos encontrados que tuve en menos de cinco horas..
.
Tengo que reconocer –aunque eso sea algo que me cuesta por naturaleza- que salir a recorrer la zona de la Estación de Retiro, puede dejarme pensando por días. No es fácil para mí, supongo, ir y venir por esas calles que todavía no puedo descifrar. O tal vez, ya las entendí y eso sea realmente lo que me cuesta asimilar. Al principio caminaba con temor: “que no me saquen el celular, que no me miren el pelo, que la billetera esto y que el documento lo otro”. ¡Estúpida!, me dije hace un buen tiempo y caminar por ahí sin esa presión y sólo con mi agenda y mis cigarros, es una buena terapia. Me hace recapacitar (bien ahí) pero sólo cuando es el día adecuado. Hace poco que regresé a esta “gran ciudad” y volvió a embalarme como desde mi segunda semana aquí. Y no quedan otras alternativas.
.
La visité a mi amiga Nilda (la mujer de la Estación Mitre ¿se acuerdan? Cómo olvidarla . . .) y seguí mi recorrido “vocacional”. De ella mucho más no puedo decir, seguía destejiendo gorritos celestes y con las piernas cada vez más cruzadas. Por supuesto, su tamaño era la mitad de lo que recordaba: supongo que no cenó algunas veces pero sólo porque estaba inapetente, ¿no? En fin, no quiero pensar más.
.
Seguía parada en la misma esquina, esa adolescente que vende “a su voluntad” el diario gratuito “La Razón”. Sólo que esta vez estaba acompañada. Enredaba entre sus dedos manchados eso que fuman ahora: no se bien como llamarle a esa ¿sustancia? pero es demasiado popular en todos lados y te hace volar –dicen- por un rato. Aseguran que te relaja y que te da mucho hambre después. Pero - todavía - festejo por estar estresada. Además ya demasiado apetito tiene mi metabolismo por sí solo. Era una pena verla y me ofuscaba su pelo naranja. ¿Por qué en vez de drogarse no guarda la plata y se va a comprar un libro o a teñirse? Nadie se lo recomienda, seguro NO sabe que hay otras alternativas. Y mis allegados que saben, no les interesa, bue, no les interesa ni por ellos ni por nosotros que los amamos.
.
Ya me fui de foco. Sigamos por el recorrido. ¿Qué más puedo decir? Más pobreza, más marginalidad, más corrupción, más desdicha, más droga, más miseria, más clandestinidad. “Otra vez sopa” pero esta sopa cada vez me cae más pesada y no hay mucho que yo pueda hacer: ni por los que saben que hay otras alternativas, ni por los que conocen todos los otros caminos. Y todavía tengo que abrir el diario y leer los millones que el Gobierno le dará a la AFA (Asociación Argentina de Fútbol).
.
Ya volviendo al centro porteño, me esperaba una cita. Unos colegas me invitaban a disfrutar de un partido de fútbol, México contra Estados Unidos. ¿Cómo negarme? Tenía cosas que hacer, sí, pero quería compartir eso con mis hermanos de Buenos Aires y daba lo que sea por ver perder a los gringos. Antes de eso, me senté a tomar un cafecito hasta que se haga la hora de ir al encuentro. No tenían el diario en ese “fino” bar, así que me entretuve con las conversaciones ajenas. No me parecía mal, de última si ellos pasan gritando al lado de mi mesa, que no se ofusquen. “Es ella o yo, elegí ya mismo”, decía una chica. Si yo hubiera tenido sus preciosos ojos, me hubiera levantado a la mierda. No tengo esos ojos pero igual me hubiera ido. Lo saben, los que me conocen (¡cuak!) “Mi papá tiene un Rolex impresionante, seguro es mejor que el del tuyo”, gritó un nene de unos 9 años que ya competía por un puto reloj. “Dios, estoy desesperaba. No puedo acomodarme el pelo, tengo las uñas recién pintadas y si se me corre la pintura, me mato”. Ya ni vale la pena describir quien dijo eso. Era suficiente trivialidad para lo que venía de ver en las cuadras de Retiro. Afortunadamente, un mensaje de mi compadre mexicano que me decía que ya estaban en el bar, me salvó y pude huir de ese lugar al que nunca hubiera ido si no fuera porque quedaba en frente de donde era mi reunión. Igual no es excusa.
.
De dos mundos antagónicos en los que había estado las primeras 3 horas de mi día, pasé a un tercero que me acobijó un poco más. No sé la causa pero ando buscando refugio seguido. Yo no era así, odio ser así. No quiero una nueva “Ba”. Después del segundo gol del equipo Azteca y de las cervezas que ya todos habían liquidado, se armó el festejo. Entre boleros que cantaban, por supuesto con algunas modificaciones en la letra, brindamos por última vez y nos retiramos. Pero antes de eso, tuve que bancarme una ironía más, no podía ser de otra forma, había que llenar el cartón de mi día. Entre cánticos contra los “gringos”, un mexicano (sorprendentemente fachero) tuvo que saturarme por completo cuando saludó a su compatriota: “Marcos me retiro, see you man”. Por favor . . . . . . tuve ganas de pegarle, pero supongo que cada uno sabe lo que hace. Aunque él no, segundos antes había estado cantando Molotov.
.
Un escrito sin sentido, dirán algunos que lean esto. Para mí fue un día lleno de contradicciones y enojos. No puedo vivir enojada con el mundo. De todas formas, aún no sé cuál es el mío.