jueves, 2 de julio de 2009

EN BUSCA DEL NOSOTROS QUE NO PODIAMOS SER

(Un poco de cursilería no viene mal. En honor a la gran Corin Tellado, quien murió hace menos de tres meses en Asturias, a los 82 años)

La humedad pesaba más que los lienzos que cubrían su cuerpo. Sacárselos hubiera sido, tal vez, la falta moral más ambiciosa que desencadenaría mil rumores en su aldea. Si lo hacía, seguramente no conseguiría marido y cargaría – de por vida – el estigma de la mujer hereje de la ciudad. De hecho, no lo hizo. Soportó, como el resto de las mujeres, la densidad del clima de Buraq, un pequeño pueblo de Daraa. Lo que sí hizo fue quedarse inmóvil, tan inmóvil que si alguien no notaba las gotas de sudor que viajaban por su rostro, cualquiera hubiera creído que la habían embalsamado para que no renaciera en otra vida. Permaneció quieta y dura. Dura como el silencio que también guardo, esperando que una cortés ventisca apague las llamas que invadían su cuello, su abdomen y sus ingles.

Cuando Kahina conoció a Farid, vivió algo similar al calor mortífero de ese verano -o por lo menos- , eso fue lo que le contó a sus cercanos. No supo qué hacer. No pudo reaccionar. No supo regañarlo y menos, denunciarlo. Una vez más se quedó en silencio y sin mover ni la más mínima parte de su cuerpo. Al principio dudó: no sabía si se paralizó por lo que había descubierto o porque había encontrado el hombre que le aplanaría el carácter y que le reviviría la ilusión. Ninguno de sus allegados sabe cuáles fueron las primeras palabras que cruzaron. Tampoco conocen las últimas, pero todos aseguran que la intensidad de sus miradas desnudaba la pasión y la complicidad que conservaban desde la juventud, aún cuando ya los años se notaban en sus rostros.
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Cuando Kahina y Farid se fugaron, no pensaron mucho en las consecuencias que podrían enfrentar, ni las angustias de sus familiares que invocarían un sinfín de plegarias por una respuesta que les dieran certezas o desesperanzas. No encontraron –pareciera- un motivo que despertara a su porqué del enredo desmedido que los saturó de incomprensiones. Sólo lograron enfocarse más y más en ellos dos y en ese plan de deberían cumplir con perfecta complicidad. No había lugar a cualquier margen de error, cualquier actitud evidente los encadenaría por siempre a un futuro no deseado y a una vida repleta de incógnitas. Lo intentaron, sus allegados saben que se esforzaron por recapacitar sobre el asunto, pero no era suficiente para ellos otra opción que no sea en la de transformarse en una sola persona. Los jóvenes se habían trepado en ese barco que los llevó de un extremo a otro, mucho tiempo antes a esa noche que huyeron. La idea era fija y su pasión en la cuestión, irracional.
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Cuando Kahina y Farid llegaron a la Argentina, no sabían si se iban a querer para toda la vida, pero no se preocuparon. Y sabían, sin ningún tipo de titubeo, que era impensable un retorno a su pasado. No podían regresar. Brote (o no) esa relación, lo de ellos no era mirar por el retrovisor, no se concebía un mínimo arrepentimiento. De hecho, volver les hubiera costado la vida. Esa que ellos eligieron salvar para estar unidos y, la que a su vez, le quitaron a su gente cuando el espacio vacío de sus ausencias no fue reparado ni justificado. Dicen, o por lo menos murieron convencidos, de que sus respectivas familias no supieron más de ellos. Nadie podría haber deducido el coraje de los jóvenes, nadie nunca tuvo sus sospechas ni sus hipótesis. Ellos tampoco eran de este tipo de arrebatos, por lo que muchos supusieron lo trágico, lo detonante. De seguro esperaban la otra vida, en la que fervientemente creían, para saldar todas esas incógnitas pendientes.
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Su vestimenta, y hasta esa manera dulce y ronca de hablar, hacían de Kahina una árabe documental. Pero eran sólo lienzos y nada más que una apariencia. La joven, que fue en Buraq, y la mujer en la que se transformó en Argentina, era exactamente todo aquello que no debía ser una siria con su crianza y costumbres familiares. Kahina se fugó por un amor, por una relación incierta. Decidió viajar a otro mundo de la mano de un hombre que prácticamente no conocía, y el cuál nunca hubiera sido aceptado sus gente.

Antes de partir, Farid (inevitablemente) no dejó de visitar a quien sería su mujer, en ninguna de las madrugadas siguientes a ese primer encuentro. Esperaba ansioso que cayera la noche; robar ya no era su objetivo en la aldea vecina. Y ella lo esperaba como nunca había esperado a nadie, lo deseaba como jamás desearía a ese hombre mayor que indefectiblemente sería su marido –o su dueño- en los próximos años. Les hervía la piel, les brotaban lágrimas heladas de las manos en cada encuentro furtivo y, por lo que relataron a sus hijos, añoraban destrozar todo esa estructura que los separaba sin remedios ni consuelos.

Explicarles a su familia no hubiera sido el drama principal que los marcaba, el simple hecho de haber estado en contacto siendo los dos de fuertes familias antagónicas, los condenaba. Sin dejar detrás del telón, que los encuentros habían sido sin un hombre de la familia que supervisara. ¿Qué había pasado en esas salidas clandestinas? ¿Habían hecho de ese amor algo físico y erótico? Las numerosas reglas que podrían haber demolido eran tantas que, de ser descubiertos, no había más solución que irremediables torturas.

¿Fue la cobardía el motivo de su huída? ¿O fue un acto de valentía y lealtad a sus corazonadas que sólo gritaban sus nombres?

Observaciones:
Kahina significa princesa guerrera.
Farid significa único.

6 comentarios:

  1. bá! qué puede uno decir al conocer esta historia? sólo quedarse en silencio; admirar en silencio el coraje de la transgresión y admirar que la vida ponga en el camino un amor como éste.
    qué mejor que descubrir que uno hereda esa sangre apasionada, la voz transparente y las convicciones claras?
    no hay mejor herencia que la dejada por "la princesa guerrera" y farid.

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  2. Yo creo que eso es coraje y no cagadas. Tirar todo y jugarte por alguien, abandonar tu tierra, tu gente, todo lo que tenés, por algo que simplemente intuís que puede ser...o es inconciencia o es mucho valor...Besos Ba, te espero a vos y al ferné. Besos

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  3. Intuyo cierta realidad en este relato que me pone los pelos de punta ja! q sea posible dejar atrás todo por otra persona es maravilloso, un abrazo Ba, Corin Tellado un poroto jajajaj, avisa cuando estes por Tuc y nos vemos, besosss

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  4. Bien pendeja, no me cabe la onda Corín pero te mandaste un lindo texto.
    Nos vemos!

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  5. ¿No me cabe la onda Corín?
    tal vez te haga falta amar demasiado, mas alla de cualquier consecuencia...
    si lo viviste, de nada vale la frialdad
    somos todos cursis, bien adentro
    dale, no me jodas y larga eso q tenes bien adentro
    Saludos...!

    = )

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