sábado, 14 de febrero de 2009

DESDE LOS PAGOS DE AYMA

Todavía quedan lugares en el mundo que tienen esa energía aplanadora que ya no se encuentra. No se trata de efectos por la altura o de cualquier otro tipo de cosa que conlleve a esto. Aún hay rincones alejados que se mueven, pareciera, al revés de la rotación de la tierra.

Dos días en Copacabana fueron momentos de destiempo que no había vivido o sentido antes. Las horas no corrían. NO. Y las personas se movían con esa pausa que (a ansiosos e insertos en el sistema como cualquiera de nosotros) desesperaba.

Pero ellos parecían o se creían felices, seguramente ni sabían que no podían ocultar lo contrario. Efectivamente, no lo son: por herencia, por genética, por historia compartida que los transforma en pueblo, no son la gente encaminada a la algarabía. Irónicamente, quien les escribe tampoco sepa de felicidad y no muchos de los que lean esto, creo que tienen certezas.

Si tan solo las palabras pudieran transformarse en imágenes y mostrarles esas miradas, esos rostros consternados. La constante expresión de padecimiento, de necesidad, de resignación . . . .
No interesaba la sonrisa persuasiva que mostraran o la carcajada más contagiosa que se escuchara. La mirada desolada y la forma sufrida de esos ojos gritaban un "no puedo más".

Luchan. Sin dudas, siguen, abren el camino estrecho. NO falta en cualquier esquina esa mujer, casi anciana por cierto, cargando esa enorme bolsa que indefectiblemente, es la única y máxima esperanza de futuro. Liquidarla y poder armar ese taper oloriento y revuelto con el que almorzaran al día siguiente ahí. Ahí, en ese puesto humilde donde hacen el "arte" del negocio y donde viven, despiertan y mueren.

Escuche por ahí (realmente no recuerdo donde ni quien lo dijo): "cuando no hay palabras para expresar la belleza o lo que representa para alguien un lugar, es porque en realidad sé esta en el lugar preciso". No voy a negar que más de una vez no supe que decir (hecho que no suele ocurrirme muy seguido) pero la trillonada de indignaciones que uno necesita gritar en algunos momentos, es lo único que no carece de forma. Y uno reniega, se ofusca, quiere solucionar eso que ocurre hace siglos.

También llega la frustración, ¿no? Si un comandante (un tanto loco) no pudo cambiar la situación social, la miseria, la hipocresía . . . . ¿Qué puedo hacer desde mi casi imperceptible lugar en el mundo?

¿Cómo se revierte esa extrema pobreza? ¿Cómo se protege a esos 38 mineros que mueren por año en derrumbes mientras sacrifican su vida por un mineral que después OTROS lo transforman en una joya de miles de dólares?

¿Cómo les explicamos que esos 3.000 bolivianos mensuales que dividen en 6 o 7 familias, después son un papel verde sobre cotizado? ¿De que manera le digo a ese extranjero que los cruelmente llamados "bolitas" no son personas devenidas en animales? Y digo extranjeros porque aquí, por lo menos yo, no me siento ajena. Y trabajan. La rompen. Buscan cada centavo. Ojalá en nuestras tierras comprendieron el significado de eso.

"Señor, solo quiero hablar, no tenga miedo". Patéticamente, en más de una oportunidad tuve que decirlo. Somos raros para ellos, algunos hasta nos temen o ni te atreven a mirarnos. ¿Les recordará el pelo platinado a esos hombres del "viejo mundo" que los saquearon, golpearon, mataron y los esclavizaron?

Todavía algunos hablan de Bolivia como un pueblo convulsionado y peligroso. Aquí hay movilizaciones utópicas, se si debería luchar por todo ese sufrimiento y miseria, la palabra revuelta, NO ALCANZA. Si pudieran revertir la situación y gritar todo ese cúmulo de angustias (muy evidentes en cada paso), los escucharía hasta el Barbudo (DIOS, ALÀ, BUDA, etc etc etc).

Pero él se olvidó de esta parte, por estas calles inhóspitas no hay signos de nada superior que reine arriba y proteja abajo. Si lo habría, no sería necesaria escribir esto.

Esto me reafirma, una vez más, eso que leí en una pared hace ya 7 años: "SI LA MISERIA ES LEY, LA REBELDÍA ES JUSTICIA".

4 comentarios:

  1. Primero que nada, Bienvenida al mundo blog jajaja.
    Tremendo el relato amiga. Me imagino lo que debes haber vivido en esos lugares que, si dios quiere, iré el año que viene. Me quede con la frase "Señor, solo quiero hablar, no tenga miedo". Creo que eso habla mucho del miedo que tienen los bolivianos, miedo a todo y miedo o rencor a la discriminación que tuvieron a lo largo de sus vidas y que hoy en día siguen teniendo.
    Me encantó y espero leer más cosas del viaje que seguro debe haber sido de las mejores cosas que viviste en tu vida.
    Besos

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  2. Algo me habías contado en lo de la Lobo. Está muy bueno tu relato. Logré "verlo". Me llevaste hasta ahí.
    Con respecto a tu pregunta, de si qué podes hacer vos... creo que con esto ya hiciste muchísimo. Puede resultar insignificante. Pero como te dije: Me hiciste ver un lugar que no conocí. Pero ahora sé que existe y sé sobre su realidad.
    Diste el primer paso. Hiciste una banda. Tanto como lo que uno te quiere.
    Como digo siempre: Sos grosa Ba, ¡Sabelo!
    Beso.

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  3. Hola Ba, no sabía que divagabas por estos espacios, llegué hasta acá por azarosa y grata casualidad. Muy buen relato, tremendamente telurico. Realmente, no se que es lo que se puede hacer, solo se que hay que hacerlo, hacer lo de cada uno, gestar pequeñas revoluciones día a día. En fin, no se bien como explicarlo, pero tu texto me recordó el siguiente poema de César Vallejo, seguro el lo dice más mejor:

    Ya va a venir el día; da
    cuerda a tu brazo, búscate debajo
    del colchón, vuelve a pararte
    en tu cabeza, para andar derecho.
    Ya va a venir el día, ponte el saco.

    Ya va a venir el día; ten
    fuerte en la mano a tu intestino grande, reflexiona
    antes de meditar, pues es horrible
    cuando le cae a uno la desgracia
    y se le cae a uno a fondo el diente.

    Necesitas comer, pero, me digo,
    no tengas pena, que no es de pobres
    la pena, el sollozar junto a su tumba;
    remiéndote, recuerda,
    confía en tu hilo blanco, fuma, pasa lista
    a tu cadena y guárdala detrás de tu retrato.
    Ya va a venir el dia, ponte el alma.

    Ya va a venir el día; pasan,
    han abierto en el hotel un ojo,
    azotándolo, dándole con un espejo tuyo . . .
    ¿Tiemblas? Es el estado remoto de la frente
    y la nación reciente del estómago.
    Roncan aún . . . ¡Qué universo se lleva este ronquido!
    ¡Cómo quedan tus poros, enjuiciándolo!
    ¡Con cuántos doses ¡ay! estás tan solo!
    Ya va a venir el día, ponte el sueño.

    Ya va a venir el día, repito
    por el órgano oral de tu silencio
    y urge tomar la izquierda con el hambre
    y tomar la derecha con la sed; de todos modos,
    abstente de ser pobre con los ricos,
    atiza
    tu frío, porque el él se integra mi calor, amada víctima.
    Ya va a venir el día, ponte el cuerpo.

    Ya va a venir el día;
    la mañana, la mar, el meteoro, van
    en pos de tu cansancio, con banderas,
    y, por tu orgullo clásico, las hienas
    cuentan sus pasos al compás del asno,
    la panadera piensa en ti,
    el carnicero piensa en ti, palpando
    el hacha en que están presos
    el acero y el hierro y el metal; jamás olvides
    que durante la misa no hay amigos.
    Ya va a venir el día, ponte el sol.

    Ya viene el día; dobla
    el aliento, triplica
    tu bondad rencorosa
    y da codos al miedo, nexo y énfasis,
    pues tú, como se observe en tu entrepierna y siendo
    el malo ¡ay! inmortal,
    has soñado esta noche que vivías
    de nada y morîas de todo . . .

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  4. Contenerse

    Fama o Ego: ¿Qué es más querido?
    Ego o riqueza: ¿Qué es más valioso?
    Beneficio o pérdida: ¿Qué es más doloroso?

    Una gran virtud se expone a un gran desgaste,
    Una gran riqueza se expone a un gran robo,
    Pero una gran contención no expone a ninguna pérdida.

    Así pues: El que sabe cuando detenerse
    No continúa hacia el peligro,
    Y puede resistir mucho tiempo.

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